Tenía unos veintitrés años quizá cuando con un amigo fuimos a ver Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare, pero en versión coreana. Sí, coreana. Se trataba nada más y nada menos que de la compañía Yohangza Theatre Company, de Corea del Sur, aún vigente. No era necesario hablar el mismo idioma o conocer a fondo el texto original para comprender la obra. Aquello fue tan impresionante que aún lo recuerdo vívidamente. Lo mismo ocurrió cuando vi por primera vez danza contemporánea y aún recuerdo capítulos de libros que leí de niña. ¿Qué quiero decir con todo esto? Que un gran ejercicio para construir la creatividad, porque esta se construye, como si fuera un músculo, es exponerse a muchísimas experiencias. 

 

¿Crees que si eres diseñador de videojuegos no te hace falta teatro? ¡Falso! ¿O crees que si eres empresaria sobran las caricias que ofrece ver un buen ballet o baile urbano en el parque? También es falso. Somos el único animal en la tierra que necesita goce estético y es precisamente ahí donde radica y crece la creatividad. Hay muchísimas maneras de incentivarla, con ejercicios, lluvia de ideas, juegos de palabras, pero yo te propongo esto. Asiste a actividades a las que naturalmente no vas. Por ejemplo, recuerdo muy bien cuando fui por primera vez a una feria de orquídeas. Había de todos los tipos y cada una era tan distinta que bien podrías llevar tu libreta de dibujante e “inspirarte” a hacer personajes con las formas de estas. ¿Te das cuenta? Dale a tu cerebro mucho estímulo visual y sensorial y no, ver reels de TickTock no cuenta. Ánimo, quién sabe qué se te puede ocurrir.

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